Ayer en clase hablamos sobre los procesos y las metodologías a la hora de llevar a cabo un proyecto. Lila me habló sobre la obra de la artista Bárbara Fluxá, hoy he estado leyendo su blog y, aparte de sus proyectos en sí, me han parecido muy interesantes algunas cosas de las que se habla en su statement y en un artículo de José Marín Medina sobre, precisamente eso, el proceso de creación, las herramientas que se utilizan para llevar a cabo la acción, las formas de conocimiento, y en definitiva: la importancia del proceso en sí más que el resultado final de la obra.
STATEMENT DE BÁRBARA FLUXÁ
Me sirvo de estrategias extra artísticas como la adquisición de los métodos y estudios contemporáneos de antropología, etnografía, ecología, sociología, arqueología, cartografía, museología, o conservación; los cuales me permiten analizar y cuestionar la sociedad desde puntos de vista mixtos y pluridisciplinares.
Me interesa investigar los fenómenos culturales y políticos contemporáneos, sobre todo en lo que se refiere al surgimiento del enorme interés hacia la memoria como preocupación central de la cultura y la política; y por expansión, del uso de la memoria como un instrumento plástico válido para cuestionar y activar a la sociedad.
(PONER) LAS COSAS EN SU LUGAR, José Marín Medina. Febrero 2005, Madrid.
Bárbara Fluxá pertenece a la generación más reciente de esa constelación de artistas que tuvo su big-bang en la Quinta Documenta de Kassel (1972), cuando Harald Szeemann -su director- marcó un hito para la expansión de unas poéticas (operaciones de índole estética a un mismo tiempo teóricas y prácticas) que vienen componiendo la figura de un artista nuevo, el cual se caracteriza por un conjunto de perfiles de registro “objetual”, tales como los siguientes: declarar el objeto como obra de arte; utilizar materiales pobres; ejercer interacciones entre material y trabajo; contradecir en algún sentido o impugnar de alguna manera la preferencia determinante por la forma; remarcar el interés por el proceso sobre la primacía del resultado, e implicarse conceptual y emocionalmente en la obra. Son direcciones artísticas que subrayan una cualidad de correspondencia entre arte y vida, y que postulan un subjetivismo fuerte, opuesto a cualquier mito colectivo. De ahí que, a veces, a estas experiencias se las haya denominado mitologías individuales.
El trabajo de Fluxá, aunque atiende a los aspectos formales (¿diríamos mejor aquí “formalistas” o “de diseño”?) de la obra, centra su atención en los procesos de erosión, alteración, cambio y descomposición que experimentan los objetos de uso arrojados a la Naturaleza, así como también atiende a los procesos propios que posteriormente van interviniendo en la creación: viajar a Asturias, a la desembocadura del Nalón, al Playón de Bayas, fotografiar objetos y localizaciones, recogerlos, transportarlos, analizarlos, dibujarlos, reconstruirlos, interpretarlos, documentarlos y montarlos para su exhibición.
[…]
Otro rasgo importante con el que el arte procesual está marcando el trabajo de Bárbara Fluxá, es esa especie de particular bifurcación en que estas obras entran y se tensan al ponerse en ellas de manifiesto el aprecio de lo imperecedero y el interés por lo transitorio que la artista siente a un mismo tiempo. Como ha observado Daniel Wheeler, los artistas del process art “han tomado lo imperecedero como criterio fundamental en la elección de materiales y han permitido que el efecto desgastador del tiempo constituya uno de sus recursos principales”. En las obras de Fluxá vemos cómo se mezclan el énfasis en lo caduco y la búsqueda de lo permanente, de lo definitivo o “inmortal”. Combinando con naturalidad intereses, criterios y maneras de proceder más o menos antagónicas, sus imágenes tienen esa estética -tan actual- que se gusta en lo inmediato, en la contaminación estética de lo cotidiano, sin renunciar a las minucias ni tampoco a los deseos nobles y ambiciosos de globalidad.
Así, lo que es insignificante en nuestra civilización material asume en la obra de Fluxá un valor meditativo e imprevisto, sin precedente, fuera del circuito del funcionamiento instantáneo. La artista logra renovar de manera congruente “lo hecho a mano” (el reciclaje) en los dominios precisamente de lo industrial y del desecho consumista. Y el objeto tirado y destruido se transmuta en recordatorio necesario, ancestral.
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